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¿Con remordimientos o arrepentido?, Liliana González de Benítez

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¿Por qué algunas personas no logran alcanzar la prosperidad en todas las áreas de su vida? Están enfermos, preocupados y llenos de miedo. ¿Por qué van de una calamidad a la siguiente y no experimentan la paz ni la vida abundante que Dios nos prometió?
La respuesta está en Proverbios 28:13: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”. Aquí Dios nos está diciendo que para obtener su misericordia debemos confesar nuestros pecados y no persistir en ellos.
Los pecados no confesados afectan la vida física, emocional y financiera de los seres humanos.
Hoy es un gran día para acercarnos al trono de la gracia y recibir misericordia, con la plena seguridad que da la fe, de que nuestra conciencia culpable será purificada con el fuego del Espíritu Santo y será lavada con la sangre preciosa de Jesucristo a fin de que comencemos a vivir una vida nueva.
Pedro dijo: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio…” (Hechos 3:19).
Busca un lugar apartado, callado, donde puedas doblar tus rodillas y humillar tu corazón, allí confiesa: “Señor me hice un aborto”, “Señor he robado”, “Señor soy un alcohólico”, “Señor soy una adúltera”, “Señor he golpeado a mi madre, a mi esposa, a mis hijos”, “Señor he estado envuelto en brujerías”, “Señor he pecado contra ti, he hecho lo malo ante tus ojos, pero hoy aunque cometí una grave falta sé que tú has echado mis pecados al fondo del mar y nunca más te acordarás de ellos” (Miqueas 7:19).
Muchísimas personas con un corazón orgulloso no creen esta verdad y se dicen así mismas: ¿Cómo es que si yo he pecado toda mi vida, Dios me va a perdonar así porque si? manteniéndose cautivos a sus delitos y pecados.
Sin arrepentimiento ni una genuina conversión no hay supresión de pecados y las consecuencias es sufrir por estar separados del amor y del plan de Dios.
No confundas el arrepentimiento con el remordimiento, porque son cosas totalmente distintas. Remordimiento es un sentimiento de culpa después de haber cometido una acción censurable, pero no induce a un cambio de actitud en la persona, porque bajo las mismas circunstancias volvería a pecar. En cambio, el arrepentimiento nos lleva a odiar el pecado, a buscar a Dios con fe para confesarlo y con su ayuda cambiamos nuestra vieja manera de ser, actuar y de pensar. No dudes en aceptar el perdón de Dios, porque si insistes en recordar tu pecado los sentimientos de culpa te impedirán disfrutar el plan que Dios tiene para ti.
Y si alguien que sabe lo que hiciste, ministrado por el diablo, intenta recordártelo con el fin de que recaigas en la culpa, dile mirándolo a los ojos: “Yo sí hice eso, así era yo antes de conocer a Aquel que por amor a mí derramó su sangre en la cruz para que yo tenga vida abundante y eterna. Gracias a Él ya no hago esas cosas. ¡Hoy soy una nueva persona en Cristo Jesús!”.

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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