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Conscientes de una verdad más grande, Otoniel Font

Dios envió un ángel para decirle a José: tranquilo, este no es el fin. Gloria a Dios que la Navidad es el anuncio de Cristo en nuestras vidas. La Navidad demuestra que Dios no se quedó callado

Durante el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, cuando fue a ser engendrado, varias cosas tienen que pasar, varias personas tienen que alinearse. Tienen que alinearse Zacarías y Elizabeth. Ella daría a luz a Juan el bautista, que le abriría el camino a Cristo. Tiene que alinearse María, tiene que alinearse José. Eventualmente, tienen que alinearse los pastores que estaban pastando a sus ovejas en aquella noche oscura, para entonces recibir el mensaje del ángel, que anunciaba que nuestro Señor Jesucristo había nacido.
Es curioso que, en cada mensaje que hacen los ángeles a estos personajes de la Biblia, la primera reacción de todos ellos fue tener temor. Tan pronto entra el ángel y habla con Zacarías, lo primero que le dice es: tranquilo, no te turbes, no tengas temor, esto viene de Dios. Cuando habla con María, de las primeras cosas que le tiene que decir es: no tengas miedo. Cuando le habla a José, le dice: no tengas miedo.  Cuando les habla a los pastores que estaban pastoreando a sus ovejas, les tiene que decir: no tengan miedo.
La verdad es que la reacción normal ante un anunciamiento espiritual es la reacción de confusión, de temor. Nos toma un poco de tiempo el procesar las cosas. A veces, esto las mujeres no lo entienden, pero a los hombres nos toma un poco más; nos toma un poco más de tiempo realizar las cosas.  Está comprobado que las mujeres pasan información más rápido de un lado al otro del cerebro; no es que sean más inteligentes, pero pueden casi reír y llorar al mismo tiempo. Los hombres, no. Nos toma más tiempo en lo que procesamos el asunto, es diferente. Y la primera reacción, a veces no es la apropiada por eso mismo, porque nos toma más tiempo. Y así pasa con el anunciamiento cada vez que Dios quiere hablar a nuestras vidas.
“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, m que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS” (Mateo 1:18-25).
Este es un relato poderoso. José es un hombre que no dice nada en la Biblia. No hay una palabra registrada de José. Pero hay gente que habla más fuerte con sus acciones que con sus palabras. José era un hombre especial. Lo que hizo por María y por Jesús, es algo grandioso y maravilloso.  Muchos celebran a María, pero no puede haber una María, si no había un José tan grande porque tenía que estar casada María con un hombre que entendiera lo que era la voluntad de Dios y guardara silencio y tomara las acciones correctas para poder manifestar el cumplimiento de Dios. Este no era cualquier personaje. Nunca le vimos pelear como David, conquistar grandes reinos, pero sus acciones demuestran tanto que es un personaje digno de estudiar.
José está desposando a María. En aquel tiempo, tomaba un año en lo que él preparaba todas las cosas para que, entonces, buscara a su esposa. José está en ese proceso y, cuando llega, se da cuenta que María está embarazada. Y María le dice: esto es obra del Espíritu Santo. ¿Imaginas el shock de José? Él no dice nada y se va, no porque no la ame, sino por amor, para él llevarse la culpa y la carga de aquel momento.
José va con unos planes y, cuando llega, encuentra a María embarazada y ahora José se hace consciente de una situación que le cambia todos sus planes, pero ahora, hacerte inconsciente de la situación no es la solución. José era un gran hombre, pero tiene que haber cuestionado aquella situación. Pero volverte inconsciente no es la solución cuando ya tú te has vuelto consciente de algo. La solución es volverte más consciente. Esto es lo que la gente no entiende.
La gente tiene problemas y se vuelve inconsciente, se emborrachan. Pero cuando tú tienes problemas, la solución no es volverte inconsciente, sino más consciente. Y ahí es que hace falta fe. Fe no es negar el problema, sino volverte más consciente de algo más grande.
A José le cambiaron los planes en un instante. Tanto tiempo trabajando por María, cuidándose, pero él no reaccionaría como otros, él se iría con la culpa, pero cuando se acuesta a dormir, el ángel le hace un anuncio que no cambia lo que está pasando, pero le hace consciente de una verdad más grande. La nueva consciencia no cambia el hecho de que los planes cambiaron, pero lo que ahora entiendes que antes no entendías, te da una nueva perspectiva.
Cuando la vida te sorprende, la solución no es volverte inconsciente a lo que te pasó, sino buscar que tu consciencia se expanda y que puedas entender lo que Dios tiene detrás.
Dos cosas te hacen consciente:
El pecado. Esto fue lo que les pasó a Adán y Eva. Cuando comieron del fruto, sus ojos se abrieron, se hicieron conscientes de lo mal que estaban, del pecado, de que le fallaron a Dios. Pero volverse inconscientes no era ahora la solución, sino volverse más conscientes de la misericordia de Dios, de su gracia.
Imprevistos. Cosas inesperadas, que tú no planificaste. Dificultades que te llegan y, de repente, ahora tu mente se tiene que abrir.
Cada vez que hay pecado y cada vez que la vida te sorprende inesperadamente, Dios siempre tiene a alguien que anuncia la palabra para hacerte más consciente de algo más grande.
Dios envió un ángel para decirle a José: tranquilo, este no es el fin. Gloria a Dios que la Navidad es el anuncio de Cristo en nuestras vidas. La Navidad demuestra que Dios no se quedó callado. La Navidad nos recuerda el anuncio de Dios a nuestras vidas: Emmanuel, Dios con nosotros. Gloria a Dios porque en tus momentos más cruciales Él te ha hablado, te ha dado una palabra que ha abierto tu mente y cambiado tu vida. Cuando estás más consciente de la verdad de Dios, tu vida cambia.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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