“Conversaciones conmigo mismo”, Enmanuel Canaguacán

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¿No nos damos cuenta que el enemigo nos engañó con poder, exhibicionismo, promoción, pirotecnia, fama, publicidad, marketing, reconocimiento, seguidores… pero nos robó el aceite?

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He decidido alejarme cada vez más de las redes sociales. ¿El motivo? No me siento cómodo en un espacio donde veo tantas cosas irregulares a lo que señala el debido comportamiento de los ministros y creyentes.
Por ejemplo, el día de hoy me he hecho algunas preguntas y las comparto:
¿Cuál es el afán de colocarse tantos títulos? ¿El objetivo es impresionar?
¿Tiene mayor peso un ministerio que otro?
¿La cantidad de seguidores en RRSS te hace exitoso?
¿Por qué vender una imagen, si somos llamados a mostrar a Jesús?
¿En qué momento nos sentimos tan dueños de una unción que podemos ofrecerla y tramitar nuestras propias presentaciones?
¿Cuándo fue que el Espíritu Santo dejó de dirigir los ministerios, a la iglesia y ser el garante de la salvación?
¿Cuándo fue que el dinero se convirtió en honra?
¿Cuándo fue que se le puso precio a la unción, los dones, los ministerios y las riquezas espirituales?
¿Cuándo fue que las actividades exteriores son avivamientos?
¿Dónde quedó la oración sin cesar, la Palabra enseñada de forma vehemente, las vigilias de manifestación y poder espiritual, la proclamación de Jesús por protagonistas anónimos?
¿Ahora no se pesca mar adentro, sino en la barca de otros?
¿Cuándo fue que el pecado de la hipocresía se volvió diplomacia?
¿Cuándo fue que perdimos el aceite y solo nos quedó la lámpara y los vestidos?
¿Cuándo fue que la política se metió en la iglesia en lugar que la iglesia transforme la política?
¿Cuándo fue que se perdió la visión?
¿No nos damos cuenta que el enemigo nos engañó con poder, exhibicionismo, promoción, pirotecnia, fama, publicidad, marketing, reconocimiento, seguidores… pero nos robó el aceite?
¿Cuándo fue que dejamos de aprender de nuestro pastor en nuestro redil y buscamos el pasto en cualquier lado?
¿Cuándo fue que la profecía se volvió palabras que se lanzan como que fueran golosinas de una piñata? O sea, al que le caiga… Al que crea… Al que lo decrete… Al que lo reciba… Gente diciendo: “Profetizo que te irá bien”. ¿A quién? ¿Cómo es eso? ¿Quién lo dice? ¿Con qué propósito? ¿Bajo qué autoridad? ¡¿Ellos profetizan y Dios les obedece?!
¿Cuándo es que los cristianos dejaron de amar la Palabra y se volvieron a las fábulas y mitos… a interpretaciones o supuestas revelaciones de irresponsables que usan con astucia las artimañas del error?
Tengo que seguir mirándome a través de la Palabra.
Tengo que seguir renunciando a cosas contrarias al hombre espiritual, y que se esconden muchas veces en mi.
Tengo que pelear por resguardar la Santidad y así proteger la Salvación tan grande que Cristo me dio.
Debo continuar con la obra de Santificación.
Debo encerrarme más con Jesús y salir menos a la atmósfera de sodomía que el mundo ofrece hoy.
Debo tener más cuidado.
Debo ser mejor hijo, padre, esposo, pastor y prójimo.
Son mis reflexiones personales…
Pero como yo formo parte del problema, quiero formar parte de la solución.
Digo como Pablo a Timoteo (1ª Timoteo 1:15): “La palabra de Dios es fiel y digna. Debe ser recibida por todos. Y es esta: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores… Entre los cuales, yo soy contado como el primero”.
Pues yo soy el primero.
Entonces, a Orar y a Velar… ¡QUE CRISTO VIENE PRONTO!
Y no sé si quede tiempo para arreglar la lámpara y llenarla de aceite…
¡Vamos a cambiar!

Enmanuel Canaguacán
Pastor

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