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Dios pondrá orden sobre tu vida, Otoniel Font

Aquel que aceptó a Jesucristo como su Salvador, ha sido trasladado del reino de las tinieblas, a la luz admirable porque lo primero que hace Dios, a través de la Palabra, es comenzar a traer orden y luz a tu vida

Tres cosas son la señal de la obra del Espíritu Santo, por la Palabra, en la vida de una persona.

  • Decretos o declaraciones que traen orden.
  • Palabra que hace que tu vida produzca.
  • Palabra que te da empoderamiento y autoridad sobre toda la creación.

Hay un decreto, una declaración, en un momento dado, que Dios hace sobre tu vida, para traer orden a tu vida.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día” (Génesis 1:1-5).
Dios hace una declaración, un decreto donde dice: se acabaron las tinieblas, se terminó este tiempo de caos, ahora viene luz a tu vida.
Todos los que creemos, un día, oímos ese decreto. De alguna manera u otra, tú estabas en tinieblas, en oscuridad; y de momento, oíste una declaración, una palabra de parte de Dios y tu vida comenzó a llegar al orden y aquellas tinieblas comenzaron a disiparse, poco a poco, comenzaron a separarse y comenzaste a ver la luz de Cristo sobre tu vida. Aquel que aceptó a Jesucristo como su Salvador, ha sido trasladado del reino de las tinieblas, a la luz admirable porque lo primero que hace Dios, a través de la Palabra, es comenzar a traer orden y luz a tu vida.
Esa declaración que Dios hizo en el principio donde dirigió al Espíritu Santo, no fue una declaración de un día; esa declaración todavía sigue vigente en el día de hoy.  Cuando Dios dijo: sea la luz; el eco se sigue oyendo: sea la luz, la luz, luz, luz, es la palabra del Espíritu Santo que todavía retumba.
Si estás aquí hoy, es porque, un día, en medio de tu caos, oíste una Palabra que comenzó a separar las tinieblas y a traer luz a tu vida; y esa es la obra del Espíritu Santo. Pero, de ahí, tienes que oír la segunda Palabra.
La primera palabra fue para separar. Con la segunda Palabra, que es la obra del Espíritu Santo, es cuando todo comienza a producir.
“Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero” (Génesis 1:11-13).
Luego de que, por el decreto de la Palabra de Dios, se separan las tinieblas, se separan las aguas, la segunda palabra que el Espíritu Santo reacciona y comienza a manifestar, es una palabra de producción: produce, multiplícate, llena.
La obra del Espíritu Santo siempre es por dentro y por fuera. Hay una Palabra que te invita a ti a producir, hay una Palabra que te invita a que tu vida sea productiva, hay una Palabra dentro de ti que te invita a que algo tiene que cambiar, algo tiene que mejorar; no te puedes quedar en esa dimensión, no te puedes quedar en ese lugar, ahí en donde están algunos; y no es que la Palabra no esté funcionando, todo lo contrario, si sientes comodidad donde estás en el día de hoy y preguntas por qué ha pasado todo lo que está pasando, es porque hay una Palabra que se tiene que cumplir porque Dios le dijo a la Tierra: tienes que producir; y todo lo que hay en la Tierra tiene que producir. Lo que no produce, se tiene que cortar, lo que no produce, se tiene que eliminar, pero todo lo que está en la Tierra tiene que producir.
Hay una palabra del Espíritu Santo sobre tu vida para que tú produzcas, para que haya productividad en tu vida en todo lo que tú haces.
La tercera Palabra fue dirigida al hombre y es una Palabra de empoderamiento en la obra del Espíritu Santo.
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:26-28).
Fíjate que, en esta ocasión, la Palabra no era tan solo para producir; porque, si la Palabra hubiera sido solo para producir, nos hubiera tratado Dios solo como animales o como a la tierra y la hierba. La Palabra es: produce tú también, pero produce para que, un día, domines; para que un día, tengas dominio.
Estas son las obras del Espíritu Santo en la vida de una persona, que se tienen que ver desde adentro hacia afuera.  La primera obra que tú ves en ti es cuando las tinieblas se separan en tu vida y comienzas a ver claridad.  Pero desde ahí, tiene que haber una obra que se manifieste produciendo. Tu vida se tiene que volver productiva.  Y ¿cómo todavía sigue Dios obrando en ti? Cuando ahora llegas a dominar y no es la tierra la que te domina a ti, sino que ahora tú tomas dominio, tomas control, tomas autoridad sobre tus pensamientos, sobre todo tu ser, no por tus fuerzas, sino por la Palabra del Espíritu Santo que ha sido declarada sobre tu vida.
Es el Espíritu Santo quien te va a dar la fortaleza para dominar tus pensamientos; es el Espíritu Santo quien te va a dar fortaleza para dominar tus tentaciones; es el Espíritu Santo quien te va a dar fortaleza para dominar tu carácter; es el Espíritu Santo quien te va a dar fortaleza para dominar tu dinero. Es el Espíritu Santo quien te va a dar fortaleza para que tú tomes dominio en todo alrededor.
Lo que pasa es que no lo entendemos, no lo recibimos de esa manera y pensamos que la obra del Espíritu Santo es solamente una interna, que te sientas bien contigo mismo, adentro, que te sientas salvo, seguro, tranquilo en tu interior. Pero no; la obra es por dentro y por fuera. Dios quiere mostrar Su gloria por dentro y por fuera. La de adentro, la ve Él; la de afuera, la vemos todos.
Queremos ver la tuya de afuera. Muéstranosla, por favor, algún día. Muéstranosla. Que cuando la gente te vea, te pregunte, te mire, te observe; que vean algo diferente.
Lo que tú cargas, la gente lo tiene que ver. La obra se tiene que ver por dentro y se tiene que ver por fuera. Y, sin darnos cuenta, en la iglesia estamos acostumbrados a tolerarnos porque nos amamos, porque queremos tener misericordia con todo el mundo; y nunca nos inspiramos. Si no te ves diferente, te vamos a amar, te vamos a querer, pero queremos ver la hora de Dios por dentro y por fuera. Ya no podemos seguir con la víctima, no podemos seguir con esta manera de pensar, no podemos estar satisfechos, únicamente, con que estás salvo para el cielo, con que estás salvo para el más allá. Oye, ¡excelente! Eso es lo mejor; pero, mientras estés aquí, que la Palabra se vaya cumpliendo.
Entiéndelo. La primera Palabra que te sacó de las tinieblas, todavía está vigente; pero, detrás de esa Palabra, hay una Palabra que dice que produzcas.
Tu negocio tiene que producir, tu vida tiene que producir. Y detrás de esa Palabra, hay otra Palabra, que dice: domina la tierra. Y esa Palabra es el empoderamiento del Espíritu Santo, que te va a dar autoridad sobre todo lo que vas a lograr, sobre todo lo que vas a alcanzar y su obra se va a ver manifiesta en tu vida.
Di hoy: ¿sabes qué? Señor, yo me voy a apropiar de esa Palabra y en el nombre poderoso de Jesús, esa obra del Espíritu Santo se va a ver en mi vida. Lo creemos hecho.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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