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¿Has oído el ruido espiritual?, Julio Almedo

Todos estos pecados ocultos se deben confesar al Señor, pedir perdón, con arrepentimiento en nuestro ser y así evitar el ruido espiritual que nos pueda aturdir

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En la vida cotidiana encontramos muchos sonidos agradables a nuestro sentido del oído, pero existen otros caracterizados por generar una sensación irritante e insoportable, convirtiéndose en lo que conocemos por ruido, pudiendo llegar a afectar hasta la salud física y mental del receptor sonoro.
Cabe señalar que estos ruidos son causados generalmente por los humanos. El estruendo lo puede emitir una máquina o equipo, pero es operado y controlado por una persona. Los ruidos producidos de manera natural son poco frecuentes, ejemplos: Truenos en un día de lluvia u otro fenómeno sobrenatural, normalmente acontecimientos eventuales.
Ahora bien, ¿será posible encontrar ruidos que afecten mi vida espiritual de relación y comunión con el Señor?, sonidos causados directa o indirectamente por humanos que perturben nuestra paz interior. La respuesta es totalmente afirmativa.
La sabiduría de nuestro Padre celestial representada en Jesús y reseñada por el apóstol Mateo en su libro en el capítulo 6, versículo 6 (TLA): “Cuando algunos de ustedes ore, hágalo a solas. Vaya a su cuarto, cierre la puerta y hable allí en lo secreto con Dios, su Padre, pues él da lo que se le pide en secreto”. Esto nos señala que para hablar con Dios es seguro hacerlo en intimidad; en un lugar de reposo y especial; sin ninguna perturbación (ruido), pidamos en lo secreto y así mismo Él nos dará. Si el Señor nos oriente a hacerlo así es por algo, de lo contrario (orar con ruidos, sin intimidad), difícilmente logremos un si por respuesta divina.
A este tipo de ruido exterior se le podría evadir ubicándonos en ese “lugar sagrado”. Tal como lo hizo Jesús en el Monte de los Olivos, en Getsemaní, en diversas ocasiones, incluso el día antes de su crucifixión. Cuánta tristeza y angustia habrá vivido esa noche Señor y todo por amor. ¡Gracias Rey!
Por otro lado, no solo el ruido exterior nos puede incomodar y debilitar la relación con nuestro Padre Eterno. Si bien es cierto todo creyente al aceptar a Jesús como Rey, Señor y Salvador pasa de muerte a vida por la gracia, su amor y misericordia, dándonos un lugar en el cielo, junto a Él (Efesios 2:4-6). Así mismo, debemos tener presente que la Biblia no termina en ese versículo, pues en el siguiente libro, el apóstol Pablo nos exhorta a cuidar la salvación con temor y temblor (respeto y pasión), no solo oír la Palabra, sino también cumplirla.
En el caminar, el proceso de trasformación y crecimiento nos lleva a pensar con el corazón, como nos lo señala Proverbios 4:23 “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida”. ¿Qué tesoro estamos allí guardando?, porque de la abundancia del corazón habla la boca (Lucas 6:45b). Pues del corazón salen los pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia (Mateo 15:19).
Todos estos pecados ocultos se deben confesar al Señor, pedir perdón, con arrepentimiento en nuestro ser y así evitar el ruido espiritual que nos pueda aturdir, pues sabemos que nuestro enemigo anda buscando a quién devorar. Desechemos el ruido interno del odio, rencor, soberbia, orgullo, altivez, vanidad, temores y otros pecados (frutos de la carne) y busquemos los frutos del Espíritu (Gálatas 5:16-23).
Todos estos ruidos interiores que nos alejan y debilitan en la relación personal con Dios son llamados ruidos espirituales. ¿Aún los oímos? En ocasiones no se pueden oír físicamente, pero si se ven.  Por eso apropiémonos del regalo dado por El Señor, su paz que sobrepasa todo entendimiento, donde nos dice que no estemos angustiados ni tengamos miedo (Juan 14:27). Oramos para que el ruido espiritual no esté en nuestras vidas, en el nombre de Jesús, amén.

Julio Almedo
Informático

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