La Sana Doctrina

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Fundamento firme en un mundo de confusión

En un mundo donde la moralidad es relativa y las opiniones abundan, es crucial que los creyentes en Cristo se afiancen en la sana doctrina como una roca inamovible en medio del mar de incertidumbre. En este artículo, exploraremos qué es la sana doctrina, por qué es imperativo buscarla y difundirla, y cómo poner en práctica la Palabra de Dios puede servir como una guía segura en medio del caos moral.

¿QUÉ ES LA SANA DOCTRINA?

La sana doctrina es la enseñanza sólida y fiel a las Escrituras, que forma el cimiento espiritual sobre el cual se edifica la fe del creyente. No se trata de meras opiniones humanas, sino de la verdad revelada por Dios en su Palabra. Es esencial para discernir entre la verdad y el error, y para mantenernos arraigados en la fe verdadera.
“La palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

La obligatoriedad de buscar y difundir la Sana Doctrina:
No basta con asentir a la sana doctrina en nuestras iglesias; debemos buscarla activamente en nuestras vidas y difundirla con celo y fervor. En un tiempo donde se predica todo menos la verdad, es imperativo que nos aferremos firmemente a la enseñanza pura de las Escrituras.
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2ª Timoteo 4:3-4).

Poner por Obra la Palabra de Dios:
La verdadera fe se manifiesta en la obediencia a la Palabra de Dios. No basta con escucharla, debemos vivirla activamente en cada aspecto de nuestras vidas. La sana doctrina nos guía hacia una vida de rectitud y santidad, y nos capacita para resistir las corrientes engañosas del mundo.
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).
En un mundo donde las opiniones fluctúan como el viento, la sana doctrina y la Palabra de Dios permanecen como un faro inquebrantable en medio de la oscuridad y la confusión. Es crucial reconocer que no todas las iglesias que proclaman predicar la sana doctrina realmente lo hacen. Por lo tanto, como hijos de Dios, debemos comprometernos no sólo a buscar y difundir la verdad de las Escrituras con pasión y firmeza, sino también a discernir cuidadosamente entre la verdadera enseñanza y la falsedad. Sólo al vivir en obediencia a la Palabra de Dios en todo momento encontraremos la verdadera paz y seguridad en medio del caos y la incertidumbre del mundo actual.

Jaime Alberto Garzón
Pastor, articulista

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