Nadie tiene el derecho de legalizar lo que Dios condena, la jurisprudencia humana jamás puede pasar por encima de lo moralmente establecido por Dios, porque sólo Él como Creador puede legislar la moral
Ante la reciente solicitud hecha por Delcy Rodríguez a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) acerca de la elaboración de una doctrina jurídica que reconozca la sexo diversidad y la diversidad política como derechos humanos fundamentales, no sólo ha desagradado a la Iglesia Cristiana y Católica del país, sino que muchas personas pertenecientes a la nomenclatura LGBTIQ+ también están en desacuerdo de modificar la jurisprudencia venezolana para satisfacer a un minúsculo grupo de personas que decidieron vivir su sexualidad por la acera de en frente a lo que ordena Dios en su Palabra contenida en la Biblia.
Lo más temerario que puede hacer el hombre es desafiar a su Creador, pues lleva todas las de perder; como desafió Luzbel a Dios y fue condenado eternamente y echado del cielo por su arrogancia y orgullo (como el ‘orgullo gay’) en contra de su propio creador (Isaías 14), de ser un hermoso ser fue convertido en el más horrendo de toda la creación a quien se le reconoce hoy por varios nombres: Satanás, el diablo, la serpiente antigua, el asesino y engañador desde el principio; y su fin será el lago de fuego que arde con azufre por toda la eternidad (para más información de él pueden consultar la IA).
Por todos es sabido en Venezuela la intención que tiene este diminuto grupo de desviados sexuales de ser reconocidos «legalmente» desde que estaba como presidente Hugo Chávez, en un país que temiendo a Dios, porque lo reconocen la casi totalidad de las constituciones a lo largo de nuestra historia republicana, está blindado legalmente en lo referente al reconocimiento del matrimonio «sólo entre un hombre y una mujer», la identidad según «el nacimiento biológico», para que ahora lo vuelvan a intentar con la venia de la Sra. Delcy Eloina Rodríguez, a través de un subterfugio legal que se enfrenta a la Constitución, el Código Civil y diversas leyes que tácitamente prohíben las intenciones de estos «escuálidos del sexo libertino».
La creación de una doctrina sobre la diversidad como un derecho humano fundamental, significa que la jurisprudencia vinculante dictada por la Sala Constitucional del TSJ puede modificar la interpretación, alcance y aplicación de las normas vigentes, lo que en la práctica ha generado lo que algunos autores denominan “mutaciones constitucionales” o reformas legales subrepticias.
Como no pueden modificar la Constitución, el Código Civil, entre otras leyes, de manera express, le dan una reinterpretación a la medida de las exigencias de un grupúsculo a quien le importa muy poco la familia y el país con tal de satisfacer e imponer su orgullo gay; lo cual puede terminar por producir “reformas legales subrepticias” (subrepticio: adjetivo que describe acciones, cosas o comportamientos realizados a escondidas, con sigilo, de manera clandestina o disimulada).
Las preguntas obligadas son: ¿se atreverá la Sra. Delcy Eloina Rodríguez a tanto? ¿Se enfrentará la Sala Constitucional del TSJ a más del 90 % de los venezolanos que están en desacuerdo? ¿De verdad que tienen tan poco temor de Dios para tamaña empresa?
Ni Dios ni los cristianos hemos impuesto nuestra fe y la Biblia a nadie, a pesar de ser la eterna Palabra de Dios (Mateo 24:35), como para que venga un minúsculo grupo de personas a querer modificar nuestro ordenamiento jurídico para satisfacer su más bajo instinto. Dios les dio libre albedrío para que vivan su vida como quieran y ahí nadie se puede meter, pero de ahí a querer imponer «legalmente» lo que biológica, teológica y moralmente es reconocido como inmoralidad y pecado contra natura, eso sí que es inaceptable.
LA POSICIÓN DE LOS CRISTIANOS
Como creyentes en el Señor de la vida y Padre de la existencia ordenada y moral, jamás estaremos de acuerdo con lo que abiertamente es pecado, como tristemente lo desafía la comunidad LGBTIQ+; cada quien vive su libre albedrío a su manera, pero sepan «que cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas a Dios de sí mismo» (Romanos 14:12). Nadie tiene el derecho de legalizar lo que Dios condena, la jurisprudencia humana jamás puede pasar por encima de lo moralmente establecido por Dios como nuestro Creador, porque todo lo que respecta a ello, sólo Dios puede legislar la moral con la que nos envió al mundo. Él es Padre, Señor y dueño de todo, incluyéndonos a los humanos (Salmo 24:1).
Ahora le preguntamos a nuestros hermanos en la fe que siempre han apoyado este sistema de gobierno y lo han ratificado públicamente ante la Sra. Rodríguez: ¿alguno de ustedes se atreve a desafiar a Dios apoyando lo que Él condena? ¿Tiene alguno de ustedes la suficiente credibilidad y autoridad moral como para acercarse a la presidenta interina y hacerle ver la verdad de la Biblia? ¿Permanecerán en silencio haciéndose cómplices de tamaño error que seguros estamos traerá más juicio sobre Venezuela?
Porque en los medios y redes sociales los vimos el viernes 15 marchando por el Día de la Familia, pero sin hacer ningún reclamo contra esta grave pretensión de la Sra. Rodríguez que apoya a unos pocos sexo diversos, lo cual vulnera y agrede, precisamente, a la familia. Queremos oírlos, hermanos, levantando su voz de protesta con lo que de largo nuestro Dios protestó desde Génesis hasta Apocalipsis.
¿QUÉ HARÁ LA SALA CONSTITUCIONAL DEL TSJ?
Con respecto a la solicitud de una doctrina jurídica que reconozca la sexo diversidad en Venezuela pasando por encima de la Constitución y las leyes, ¿serán ustedes capaces, señores magistrados, de complacer los caprichos de un reducido grupo de venezolanos desoyendo a la inmensa mayoría que está en contra de estas desafiantes intenciones?
Sabemos que es una situación muy difícil -políticamente hablando-, pero recuerden que la Biblia dice que «si en tu provincia… se tuercen el derecho y la justicia, esto no debe asombrarte, porque sobre un alto oficial hay otro más alto, y por encima de ellos hay uno más alto» (Eclesiastés 5:9), y ese es Dios. Sobre todo, para usted, Sra. presidente de la Sala Constitucional, quien profesa la fe cristiana bíblica y por quien estamos orando para que el Espíritu Santo le ilumine y sepa responder conforme a la Palabra de Dios y las leyes de la nación.
No permita usted, presidente de la Sala Constitucional del TSJ, que personajes como Leandro Villoria, uno de los líderes del movimiento sexo diverso en Venezuela, le falte el respeto como lo ha hecho a través de su cuenta @leandro_villoria, por el hecho de ser usted cristiana. Recuerde lo que dice la Biblia: «Mayor es el que está en nosotros que quien está con él». Sabemos que Dios le guiará a tomar la mejor decisión que bendiga a Venezuela y no que la maldiga, porque nuestra amada nación no soporta una maldición más.

¡Adelante mi hermana, el Dios todopoderoso y eterno que no ha perdido una batalla jamás está con usted! Y las poderosas oraciones de la Iglesia están con usted para el bien de Venezuela.
NO SOMOS LOS ÚNICOS PRESIONADOS Y PERSEGUIDOS
Recuerden que los apóstoles se enfrentaron a una difícil situación también que los obligaba a callar y someterse a autoridades opuestas a Cristo y ellos valientemente respondieron: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29). Si hasta ahora un grupo de la comunidad LGTBIQ+ en Venezuela no ha podido lograr modificar nuestras leyes para imponer su agenda antibíblica es porque las acciones y oraciones de la Iglesia han sido escuchadas en el cielo.
De igual manera, Daniel y sus tres valientes amigos que servían al rey de Babilonia, jamás se contaminaron ni vendieron su fe a pesar de las amenazas de muerte; Daniel fue al foso de los leones y Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron echados al horno calentado siete veces más. El resultado: todos salieron vivos, porque el Dios eterno al que adoraban y honraban guarda nuestras vidas de manos de los gobernantes injustos del mundo.
A pesar de su posición institucional y política, ustedes son cristianos e hijos del Dios eterno, por muy difícil que parezca la situación el Dios de Daniel y sus tres amigos, y Señor de los apóstoles Pedro y Juan, sabrá ayudarles y sacarles en victoria. Actúen como los atalayas de Dios que son: “Si el atalaya ve venir la espada y no toca la trompeta, la sangre del pueblo caerá sobre su cabeza” (Ezequiel 33:6).
¡La decisión está es sus manos…! ¡Hagan lo bíblicamente correcto y no lo políticamente correcto!
Georges Doumat B.




