Nos movemos pendularmente entre dos reinos, y uno de ellos está contaminado: es el reino de Satanás. Debemos saber que ese es un reino diseñado para destruirnos eternamente. Si decidimos ser santos y vivimos en consecuencia, ¡no hay poder que pueda vencernos! El único daño espiritual que Satanás logra hacernos es aquel que nosotros le permitimos. Estemos claros, nadie puede obligarnos a pecar. La santidad produce reacción rápida contra la tentación. Nadie se hace santo de repente.
Algunas pautas para mejorar su nivel de santidad:
- Establezca quién tiene el control de su vida.
- ¡Conózcase! … Hable con Dios acerca de sus debilidades.
- Jamás racionalice su culpa.
- Reconozca su problema y llámelo por su nombre.
- No busque resultados rápidos y fáciles. Sea perseverante.
- Cuídese de los patrones persistentes de pecado.
- Procure siempre relaciones transparentes con las personas.
- Busque mecanismos de evaluación y cobertura y rinda cuentas.
- Cuide la puerta de entrada de su mente.
- ¿Cuánto tiempo de TV, videos, cine se permite?
- ¿Hace uso explícito de literatura sexual?
- ¿Tiene usted el control en el uso de la Internet?
- ¿Mantiene usted relaciones peligrosas con personas problemáticas?
- Asuma posiciones de compromiso como Daniel y José
- Confiese todo pecado conocido y pida iluminación por dudosos.
- No trabaje tanto para la obra de Dios que no tenga tiempo para usted.
- Comience siempre su día en oración y lectura devocional.
- Jamás olvide que sin oración no puede haber santidad. Vivir sin orar es vivir sin Dios.
- Si pecó, confiéselo y repare los daños de su pecado.




