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Nuestra forma de relacionarnos con el Espíritu Santo, Otoniel Font

Si el Espíritu Santo no te está transformando, la relación no está correcta. No es una relación real, no es una relación verdadera

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Lo primero que debemos saber para poder tener claro cómo relacionarnos con el Espíritu Santo, es preguntarnos ¿cómo lo vemos? ¿Como un espíritu o como una persona?
Hace unos días que estuve en un lugar con una persona y estando en ese lugar con esa persona, comencé a darme cuenta de que yo estaba pensando más como ella que como yo. Y de repente, comenzaron a venir a mi mente pensamientos negativos y a desear cosas que yo nunca había deseado en mi vida.
Llegó el momento de cortar la relación porque oí una voz en mi interior que me dijo: “Si tú no le estás cambiando a él, él te está cambiando a ti y tú no quieres la vida que él tiene”. Y es así.
Y si el Espíritu Santo no te está cambiando, tú no lo vas a cambiar a Él, pero tampoco lo vas a usar y si el Espíritu Santo no te está transformando, la relación no está correcta. No es una relación real, no es una relación verdadera. Cuando nosotros miramos, se va a poner mejor, se lo prometo, en un momento.
Tan solo el fundamento y vamos a ir a 4 manifestaciones poderosas en el día de hoy que tú puedes esperar del poder de Dios en tu vida. Cuando nosotros miramos desde el Antiguo Testamento, vemos estas declaraciones que nos pueden llevar a despersonalizar al Espíritu Santo.
El Salmo 104:30: “Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra”, nos demuestra lo que es la manifestación de Dios a través de toda la creación, pero podemos cometer un error y es pensar que Él es una fuerza y no una persona, y podemos despersonalizar al poder de Dios y sacarlo, y quitarlo de la persona del Espíritu Santo.
Me explico: fíjate en este verso que te acabo de dar: “Envías tu Espíritu y son creados”. ¿Qué podemos pensar? Mire para acá: podemos pensar que lo que creó fue el poder del Padre, porque el Padre envió el poder para que creara. Ok, eso es lo que podemos pensar. Si pensamos así, despersonalizamos al Espíritu Santo y lo vemos como un poder enviado por el Padre.
Tenemos que entender que el Padre lo envía, pero es el poder del Espíritu Santo el que crea, para no despersonalizar al Espíritu Santo y desconectarlo de manera errónea en nuestra mente de quién es Él.
Lo voy a volver a explicar: una cosa es enviar a alguien con un poder y otra cosa es enviar a alguien que tiene poder. El problema es que la descripción del Antiguo Testamento cuando el Espíritu Santo es enviado nosotros tendemos a ver la manifestación del poder y ver quién lo envió y no nos damos cuenta de que el que tiene el poder no es tan solo el que envió, sino el enviado. Por ejemplo, yo puedo hoy darle a Carlos Bonilla un poder firmado por Otoniel Font donde él me representa en Caguas y yo puedo darle un poder escrito.
Ok. Y con ese poder escrito él puede abrir una cuenta de banco, él puede ir allí a buscar unos papeles, es un poder que le di. Pero si eso es lo que yo hago con él, lo que envié fue el poder y es mi poder el que estaría abriendo la cuenta; es mi poder el que estaría haciendo el efecto. Por lo tanto, llega un momento donde, entonces, se despersonaliza la persona de Carlos y ahora sólo lo que se ve es el poder del que lo envió, pero otra cosa es yo poner las manos sobre Carlos y enviarlo; sigue siendo enviado, pero no lo estoy enviando con un poder, sino que lo estoy enviando con su propio poder.
Con poder, pero el enviado tiene poder. Entonces, son dos cosas diferentes, espero que con eso usted lo haya entendido. Entonces, en el Antiguo Testamento, así es como vemos las cosas: vemos que el Espíritu Santo es enviado, vemos que Dios lo envió y lo llenó del Espíritu.
Lo que pensamos es que es el Padre el que está actuando y es el Padre el que está enviando el poder. Y por eso no lo tratamos como una persona, por eso no nos relacionamos con Él, porque lo vemos como una extensión del poder de la persona del Padre. Y ahí es donde cometemos el gran error.
Entonces, vamos a la iglesia, le oramos al Padre, creemos en el Hijo, pero usamos al Espíritu Santo, porque nunca cuidamos de tener una relación con Él, porque lo único que pensamos es que es un poder enviado para rescatarnos. Y ese es el grave error, porque cuando usted mira toda la Biblia, le di un solo verso de los múltiples que usted puede ver dónde esto se puede aplicar. Por lo tanto, usted y yo en el día tenemos que ver la obra del Espíritu Santo en otra dimensión.
Por ejemplo, se lo explico de esta forma, quizás un poco más fácil: el Padre envía al Hijo, Él llega y viene; pero el Espíritu Santo es quien completa la obra. El Padre envía al Hijo, Él es el que viene; pero el Espíritu Santo es el que justifica.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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