Tus dones sólo son efectivos al servicio de aquel que te los entregó. Él es celoso y no comparte su gloria con nadie
Seguramente Dios te ha dado algunos dones extraordinarios. Pero ten cuidado: estos pueden ser los que impidan que tengas una relación profunda con Él y ser fructífero en tu hogar, iglesia local o tu comunidad.
Pero, ¿cómo es esto posible? Quizás no querías leer esto, pero el rendimiento o el resultado que tengas usando lo que Dios te entregó puede ser el principal obstáculo para darte cuenta que tus logros son producto de la gracia y de los méritos de Cristo en la cruz.
Cuando un líder pone sus dones —que dicho sea de paso son irrevocables (Romanos 11:29)— por encima de su relación con Dios, quebranta un principio y esto siempre genera caos. Cuando un diseño impuesto por el Creador es modificado, la estructura lineal que conduce a una bendición garantizada se rompe, entonces Dios mismo tiene que intervenir para restituir en tu vida lo que se dañó.
Te explico: cuando Moisés intentó ser juez entre los egipcios y los hebreos, sin saberlo usó sus dones de liderazgo sin tomar en cuenta a Dios. La consecuencia fue el asesinato del egipcio y su exilio por 40 años.
Cuando su ímpetu menguó, nuevamente Dios le dice: “Moisés, libera a mi pueblo” (traducido sería: usa el don de liderazgo que te di) y en ese momento el patriarca, en lugar de armar un ejército para la gesta heroica, respondió: “No soy digno”, a lo que Dios le dijo: “Diles que YO SOY te envío”.
¡Bingo!
Líder: tus dones sólo son efectivos al servicio de aquel que te los entregó. Él es celoso y no comparte su gloria con nadie. ¿Qué tal si Dios te inhabilitó temporalmente para usar los dones y ejercer el llamado, mientras trabaja en ti el carácter?
Nota: Este artículo se escribió sin inteligencia artificial.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn




