Hace algunos años asistí a un campamento organizado por mi iglesia local en una finca hermosa, un lugar donde nos retirábamos de la ciudad para dedicar tiempo a Dios. Llevábamos varios años visitando aquel sitio, que se distinguía por su amplia siembra de mandarinas y, cerca del hospedaje, por varios árboles de mango que ofrecían verdor, frescura y sombra en el patio.
Recuerdo que, en una ocasión, llegamos en plena temporada de cosecha de mangos. Apenas entramos, el anfitrión —un hombre siempre jovial y amigable— nos reunió y, con tono serio, dijo:
—Por favor, no lancen piedras a los mangos para comerlos. Si desean uno, yo les facilitaré una herramienta para extraerlo.
Confieso que aquello me pareció impertinente. Honestamente, ¿de qué otra forma se pueden bajar los mangos de un árbol tan alto? No tenía sentido para mí, así que fui directamente a quien dio la instrucción y le pregunté:
—Ramón, explícame por qué no podemos bajar los mangos con piedras como siempre.
Sonriendo, me respondió:
—Acompáñame y verás.
Me llevó a un lugar donde había dos enormes mangales. Uno era frondoso, verde, precioso, con una sombra envidiable a sus pies. El otro, justo a su derecha, estaba lánguido, famélico y casi deshojado, pero lleno de mangos rojos, enormes, dulces y espectaculares. Ramón me preguntó:
—¿Notas la diferencia?
Con cierto aire de suficiencia respondí:
—Es obvio: uno está frondoso y el otro lánguido.
Entonces me dijo lo que quería enseñarme:
—Juan Carlos, ¿qué es mejor: dar sombra o dar fruto?
Me quedé en silencio. Él continuó:
—El árbol frondoso da sombra, pero el árbol con fruto alimenta. ¿Entiendes que las piedras, además de intentar derribar el fruto, hacen que el follaje se pierda?
En ese momento comprendí: nadie le tira piedras al árbol frondoso, sólo al que da fruto.
Hoy, recordando ese episodio, cambié los protagonistas en mi mente y pensé en lo que quiero invitarte a reflexionar. La iglesia local es la esperanza del mundo, pero ¿qué es mejor: una iglesia hermosa que sólo da sombra o una iglesia que da fruto y alimenta bajo su sombra? La respuesta parece obvia. Así como Jesús, cuando «viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera» (Mateo 21:19), Él mismo guarda y cuida a la que da fruto. Por eso, cuando la iglesia es atacada o sacudida, Él se levanta y dice:
—Con la que da fruto no te metas.
Recuerda lo que dijo Jesús: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos» (Juan 15:8).
Líder, ¿quieres dar sombra o dar fruto?
Textos extraídos (RVR1960)
Mateo 21:19. «Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera».
Juan 15:8. «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos».
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn



