Tiempos de oprobio, Diego Ortiz

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En tiempos de oprobio y decadencia, es cuando más Dios deja en evidencia quiénes son sus hijos, pues por sus frutos estos serán conocidos

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Al ver los días que vivimos, de gran decadencia ética y moral y de amplia tolerancia, donde todo es permitido según la conveniencia y se justifica la doble vida, me hace recordar los días del profeta Jeremías, al que le tocó ser una voz de Dios en uno de los tiempos más deshonrosos y vergonzosos de su nación y del liderazgo espiritual del pueblo hebreo.
A Jeremías se le ordenó hablar y denunciar el pecado y la maldad en el que había incurrido su generación; siendo una voz de dura exhortación tanto para la clase gobernante como el pueblo en general, que dejó expuesto a su vez al extraviado liderazgo espiritual altamente viciado y corrupto de su tiempo.
Es lamentable ver cómo a nivel global, experimentamos tiempos de gran decadencia, la cual no sólo se evidencia en la sociedad actual, sino paradójicamente también en parte del pueblo de Dios y sus líderes.
Parece que hemos perdido el rumbo, la senda y el camino recto, posiblemente al no ser este, tan atractivo y beneficioso para las expectativas que muchos tienen.
Dios le ordenó a Jeremías ser diferente a su generación, siendo duramente confrontado ante sus temores al verse obligado a decir lo que otros no querían escuchar, pues Dios le dijo:
“…Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová” (Jeremías 15:19).
En tiempos de oprobio y decadencia, es cuando más Dios deja en evidencia quiénes son sus hijos, pues por sus frutos estos serán conocidos. Por ello a Jeremías se le demandó afirmar su carácter y vencer el temor para poder ser una voz autorizada de Dios, siendo a su vez llamado a ser un modelo a seguir, en quienes otros se pudieran reflejar, para lo cual debía mantenerse firme en sus convicciones a todo costo.
Al igual que a Jeremías, hoy Dios nos anima a no temer, decir la verdad, recordándonos que Él peleará por quienes tal hagan, guardándoles y defendiéndoles de los que se resistan.
Es triste y alarmante en especial para los discípulos de Cristo, ver cuán bajo se puede caer cuando nos extraviamos del camino, pudiendo llegar a perder la misma esencia de lo que un día fuimos, ante lo cual debemos recordar la máxima “…Asegúrate de que la luz que crees tener no sea oscuridad” (Lucas 11:35).
Vivimos días de penumbra, tanto fuera como adentro; más en días como estos, Dios llama a sus hijos a levantarse y resplandecer, pues escrito está, que es sobre ellos que será vista su gloria, y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento (Isaías 60:2,3).
Es por esto que le cielo nos recuerda que se requiere mantener la lámpara encendida y llena de aceite, para que al llegar el esposo no nos quedemos fuera de la fiesta…
Hoy hay mucha algarabía y alboroto, en medio de una sociedad en extremo deterioro y decadencia, mas la pregunta es: ¿qué fiesta prefieres?
Es hora de decidir…

Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegortiz

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